Posted By Vena on/at 0:05

Mucho puede cuestionarse sobre el amistoso que la selección argentina jugará hoy a las 21:00 contra Ghana. La baja categoría del rival, sumado a que ni siquiera trae a sus mejores integrantes, abre paso al primer interrogante: ¿Para qué sirve este partido?
Diego Maradona explicó que de este combinado local, saldrán “siete u ocho jugadores” para disputar la última fecha de Eliminatorias. Posiblemente busque, de esta forma, motivar a un plantel que siente que en Córdoba, cuando empiece a rodar la pelota, no tendrán demasiado por qué luchar.
Esto genera una nueva pregunta: ¿Ya ha dejado de ser motivador por sí solo el hecho de ponerse la camiseta celeste y blanca? En estos tiempos comandados por los dólares, muchos componentes de este grupo necesitan ser despabilados por el cuerpo técnico nacional. No es difícil imaginarse a varios jugadores molestos por tener que viajar desde Europa para jugar dos partidos en 10 días, exponiéndose a la crítica impiadosa de la prensa.
Vale, entonces, apostar al fútbol local, con el objetivo de ver más ganas, más hambre, más sacrificio, más compromiso. Profesionales que se maten por dejar a Argentina clasificada y con los que se pueda entrenar una o dos veces por semana en Ezeiza, a fin de armar un equipo y seguir una línea futbolística, en vez de sentir que se deambula por la cancha sin ninguna brújula.
Es una pena que las promesas emigren al Viejo Continente cada vez más jóvenes, antes de transformarse en realidades, tentados por altos contratos, poder y tapas en los diarios de todo el planeta, ya que la solución al problema que aqueja a la selección desde hace un largo período (la última final en un Mundial se alcanzó hace 19 años y el último título hace 16) podría ser establecer un plantel basado en el medio local, y sumarle sólo a los mejores del exterior.
La historia reciente parece ratificar el desafío de cimentar a una selección con su propio fútbol. Mientras que Argentina sólo llevó a tres jugadores del medio doméstico al Mundial 2006 y dos al 2002, los campeones de aquellos dos certámenes no hicieron lo mismo: todos los italianos que se coronaron en Alemania jugaban en su país y Brasil, equipo de nuestro continente que venció en Corea-Japón en el 2002, contaba en aquel conjunto con 12 deportistas que militaban en su tierra, más de la mitad de la plantilla.

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